A veces me pregunto por los rápidos, esos que aman en instantes y se encienden de corazón en corazón con la violencia del rayo, mientras yo me pudro en esta soledad miserable, incapaz de estremecerme siquiera con un beso, incapaz de entregar nada, con mi luz roja extinguida y el castigo de un vacío que me corroe; me he negado la capacidad de amar sin darme cuenta, no porque lo decida sino porque algo en mí está muerto, y esa impotencia me convierte en un monstruo que camina solo, condenado a mirar un mundo lleno de manos entrelazadas que nunca serán mías, y el dolor de esa certeza me arde como sal en una herida que no cicatriza.
Por Elieth López.
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