A 20 años de Ecosistema del Sistema
Seguimos viviendo entre sus ruinas
Hay discos que envejecen. Otros se convierten en recuerdos: canciones que uno vuelve a escuchar para encontrarse, aunque sea por unos minutos, con la persona que era cuando las descubrió.
Y después están los discos que, para desgracia de todos, siguen teniendo cosas que decir.
Han pasado 20 años desde Ecosistema del Sistema, de Alejandro Mejía y Grupo Armado. Veinte años. Dos décadas que, vistas desde la distancia, deberían ser suficientes para que muchas de las preguntas, frustraciones y contradicciones que atraviesan el disco hubieran quedado atrapadas en otra Nicaragua.
Pero no.
Quizás por eso volver a escucharlo hoy produce una sensación extraña. No necesariamente nostalgia. Más bien algo parecido a reconocer un lugar que creíamos haber abandonado y descubrir que seguimos viviendo ahí.
El sistema no era solamente el sistema
Cuando pensamos en música política, muchas veces imaginamos canciones que señalan directamente a alguien. Un gobierno, un partido, una institución, un personaje. Ecosistema del Sistema iba por otro lado.
Había algo más incómodo en su mirada: la idea de que el sistema no existe únicamente allá arriba, en esos lugares donde parece imposible meter las manos. También está en nuestras costumbres, en nuestras contradicciones, en la forma en que aprendimos a relacionarnos unos con otros.
En cómo repetimos aquello que criticamos.
En cómo esperamos que alguien venga a resolvernos la vida.
En cómo podemos indignarnos por una injusticia mientras ignoramos otra que ocurre justo al lado.
Tal vez esa sea una de las razones por las que el disco sigue sonando vigente. Porque sería demasiado fácil decir que sus canciones pertenecen a un momento político específico. Mucho más incómodo es aceptar que algunas de esas tensiones todavía forman parte de nosotros.
La herencia que seguimos cargando
Veinte años después también es inevitable preguntarse qué tanto hemos cambiado.
Claro que han cambiado las herramientas. En 2006, un disco circulaba de otra manera. Había que conseguirlo, prestarlo, copiarlo, encontrarse con alguien que lo tuviera. Hoy prácticamente cualquier canción puede viajar en segundos de una pantalla a otra.
La tecnología cambió.
La forma de hacer y distribuir música también.
Pero hay cosas que parecen resistirse a desaparecer.
La falta de oportunidades. La migración. La necesidad de irse para poder imaginar un futuro. El desencanto. La sensación de que el país siempre está prometiendo convertirse en algo que, por alguna razón, nunca termina de ser.
Y ahí es donde Ecosistema del Sistema deja de ser solamente un disco de su tiempo.
Porque, aunque las circunstancias cambien, hay heridas que siguen encontrando nuevas formas de abrirse.
Un rugido en un país acostumbrado a las etiquetas
También hay algo importante en la manera en que Alejandro Mejía y Grupo Armado ocuparon un espacio que muchas veces parecía reservado para otros sonidos.
La identidad cultural nicaragüense suele venir acompañada de un catálogo bastante limitado de expectativas. Como si nuestra música tuviera que sonar de determinada manera para ser reconocida como nuestra. Como si la identidad fuera una pieza de museo que debemos conservar intacta, en lugar de algo vivo, contradictorio y en permanente transformación.
El rock, el metal y todos esos sonidos que durante años habitaron los márgenes también son parte de nuestra historia.
También cuentan cosas sobre quiénes somos.
Ecosistema del Sistema entendió eso sin necesidad de pedir permiso. No intentó disfrazarse de algo que no era para entrar en una idea cómoda de lo nicaragüense. Y quizás ahí también radica parte de su fuerza.
Veinte años después
No sé si el mejor homenaje que podemos hacerle a un disco como este sea simplemente volver a escucharlo y decir: “Qué buenos tiempos”.
Quizás habría que escucharlo con un poco más de incomodidad.
Preguntarnos qué cosas han cambiado realmente y cuáles solamente aprendieron a presentarse con otro nombre. Preguntarnos cuánto de ese sistema que criticamos sigue existiendo porque nosotros mismos hemos aprendido a sobrevivir dentro de él.
Tal vez esa sea la verdadera paradoja de Ecosistema del Sistema.
Que veinte años después sigue encontrando un país capaz de entenderlo.
Y eso, más que un triunfo de la vigencia artística, debería hacernos pensar.
Porque hay canciones que sobreviven al paso del tiempo.
Y hay otras que sobreviven porque, de alguna manera, nosotros todavía no hemos logrado escapar de aquello que las hizo necesarias.