Me ha tocado escribirte en prosa,
porque sé que la distancia nos destroza, como una ola de arena en sentimientos efímeros que se desvanecen en la pálida tarde cuando empiezo a recordarte.
Escucho tu voz en el silencio,
con los ecos del viento. Siento tus suspiros que acarician el alma.
Veo el polvo de oro que flota en el aire
y cómo la sonrisa ilumina tu dulce boca.
Por Isidro Rojas
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