Esbozo La Luna y yo.

Esbozo La Luna y yo.

Por: María de los Ángeles Espinoza Bucardo

Esa noche me senté a ver la luna, la luna tan refulgente que penetraba la ventana de mi cuarto, en aquella noche de insomnio, era mi única compañía, no la buscaba y sin embargo su presencia era ineludible, brillaba de una manera esplendida que era casi imposible no detenerme de leer cumbres borrascosas. Había leído en algunos artículos científicos de los misterios de la luna. Desde pequeña sentí una gran admiración al astro nocturno que velaba nuestros sueños y se escondía de mañana; pero ese día mirando la luna, me perdí en su fulgor, perdí la noción del tiempo…

Divague y pensé: ¡Si yo muriese esta noche, el sufrimiento se vería plasmado momentáneamente! Lo pensé de esa manera porque todos nos acostumbramos a la ausencia, hoy estaba viendo la luna, cuando acabara sus fases de menguar, me acostumbraría a su manera de media uña, apenas visible.

Y seguí divagando… si yo muriese esta noche, todos se acostumbrarían a mi ausencia, cuándo dejé de estar presente, con el tiempo personas qué me han conocido, querido, convivido pasarán al olvido para un alma muerta, pero para los que aún viven quedarán los recuerdos, los recuerdos cada vez se borran, y ¿qué queda? Sólo el conocimiento de haber sido alguien qué pasó por este mundo.

Si yo me muriese en esta noche, uno de mis amigos se pondría perplejo con la noticia, lloraría porqué es noble, y por la gran amistad qué establecimos en vida, se preguntaría qué me gustaría que hiciera, y merodearía la respuesta qué yo daría y caería en cuenta qué no me conocía lo suficiente, no conocía mis gustos, éramos amigos los mejores, en momentos buenos estuvimos, en momentos malos también, en cada instante, pero no me conoció lo qué había detrás de la carcasa. Todos mis amigos, al igual que él, me recordaran por un instante, pero me olvidaran.

Pero… ¿y mi amado? ¿El me olvidaría al instante? Olvidara la vez que bajo la luz de la luna me prometió amor eterno, aquellas noches que nos besábamos y solo la luna era testigo de lo que había pasado. Si, él también me olvidara, llorará por mí, sufrirá por haberlo dejado, por no despedidme, por no haber cumplido nuestras metas juntas, pero así de impredecible es la vida y sus destinos, yo esta noche estoy divagando, pensando en la muerte, viendo la luna y su reflejo, ¡quizás mañana no este!, ¡habrá acabado su fase, y yo mi ciclo de vida!

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