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Todavía hay, hermanos, muchísimo que hacer

Todavía hay, hermanos, muchísimo que hacer

Escrito por: Marlón S. Soto; estudiante universitario.

“En un país donde se valora más el producto interno bruto (PIB), que la educación de sus gentes, su producto interno será cada vez más bruto”. Fernando Savater.

Te recuerdo brevemente estas dos cosas: 1) Nicaragua es el segundo país más pobre de América. 2) La sociedad está fragmentada y atizando a la violencia por razones ideológicas. Aunque lo segundo viene desde tiempos inmemorables. Las ideologías son las ideas fundamentales que caracterizan el pensamiento de una persona, colectividad o época, de un movimiento cultural, religioso o político, etc. Desde luego que en ese concepto es respetable el derecho de las personas a tener una ideología, pero, en ese mismo concepto de ideología  se han generado dos guerras mundiales y muchas guerras civiles como ha ocurrido en Nicaragua en más de una ocasión. 

Pero, ¿Cuál es la principal causa para que la violencia siga siendo una constante en Nicaragua? Sin ninguna duda, la falta de educación, la falta de cultura, es eso lo nos mantiene en esa condición de tribu, que, atiza a la violencia constantemente. 

En la mayoría, por no decir todos, los gobernantes que ha tenido Nicaragua desde Frutos Chamorro hasta Daniel Ortega, la educación ha sido desfasada. La dictadura de Ortega, para mi generación, ha sido una dictadura especialmente dañina porque cuando Ortega llega al poder en 2007, yo tenía 9 años, es decir, en total niñez, y, cuando la dictadura inicia a caer a inicios de 2018, pues ya éramos hombres hechos y derechos, o sea, parte de nuestra niñez y toda la adolescencia pasó en un régimen dictatorial, que fue muy corrupto, muy violento y que no resolvió problemas elementales como asegurar una educación de calidad. Sus ministros de educación, directores y profesores de colegios públicos (sin incluirlos a todos, desde luego que hay algunos honorables), hacían alarde de que, con el gobierno de Ortega la matrícula había aumentado en gran medida, como nunca antes con otros mandatarios, también -decían- habían llevado la merienda escolar a los estudiantes de primaria, pero, descuidaban y olvidaban la función principal de lo que son las escuelas en realidad. De manera que todo lo que ya andaba mal desde antes de que Ortega volviese al poder en 2007, empeoró. No es ningún secreto para nadie y los mismos sandinistas lo saben, qué, la educación la convirtieron en frívola y vana a cambio de politizarla para llevar a cabo una idea de dictadura perfecta donde todos nos sintiésemos cómodos, revolucionarios y estar a la vanguardia pero con el ingrediente de que todo eso era con un mínimo esfuerzo intelectual.

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Como todas las épocas han tenido sus espantos y oprobios, la nuestra es la de los fanaticos, terroristas suicidas —antigua especie convencida de que solo matando se ganan los paraísos, que la sangre de lo inocentes lava los vicios colectivos, corrige injusticias o impone la verdad sobre las falsas creencias—. Cegados por ese fanatismo que es creado por falta de cultura, grupúsculos defensores de la dictadura de Ortega no se dan cuenta que Nicaragua, por ejemplo, es un país con un sistema económico del siglo XVII, donde en esencia es productor y exportador de materias primas (industria textil, productos agrícolas etc.) donde el trabajo era una obligación, derivada de vínculos de servidumbre señorial, de la propiedad de esclavos. por ejemplo: los grandes productores —quienes tienen vínculos ofíciales con el gobierno— explotan a sus trabajadores, pagando ínfimos salarios, una inmensa mayoría de ellos sin acceso a la seguridad social, sin el equipo adecuado para trabajar y como consecuencia tienen una vejez sucumbida a enfermedades y sufrimientos de todo tipo. En fin, no se respeta al trabajador porque las leyes no se cumplen, eso no genera crecimiento económico, al mismo tiempo se destruye la biodiversidad y los daños no se restan del PIB. Desde luego que no es una práctica especialmente nicaragüense sino que en muchos países de Latinoamérica se repite y es por la falta de cultura en sus gentes, que no se educan, no se informan, no vigilan sus recursos por vivir prendidos a la novedad que genera el espectáculo.

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“Todavía hay, hermanos, muchísimo que hacer”. Cesar Vallejo.

La literatura, la buena literatura tiene ese gran potencial para convertirnos en personajes críticos, en darnos claridad, tiene esa capacidad de hacernos querer un mundo mejor. En Latinoamérica hay menos dictaduras que antaño, solo Cuba, Venezuela y Nicaragua. En países como Chile, Brasil, Colombia, Uruguay, Costa Rica respetan la legalidad, la crítica, la renovación en el poder y ese es el buen camino, el camino con el que se logra un progreso extraordinario en todos los sentidos de la vida de los ciudadanos, pero en especial lo económico, lo cultural y lo moral.

Si ese camino sigue perseverando y combate la corrupción, Latinoamérica dejará por fin de ser el continente del futuro y pasará a ser el del presente.

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Gracias a pensadores y escritores como Karl Popper o Mario Vargas Llosa, a quienes debo mi revalorización de la cultura democrática y de las sociedades abiertas. Esos maestros fueron/son un ejemplo de lucidez y gallardía cuando la inteligencia de Europa y Latinoamérica parecía haber sucumbido al hechizo comunista.

Nicaragua y Latinoamérica en general deben de dejar de ser el continente de los golpes de estado, los caudillos de opereta, los guerrilleros barbudos y las maracas del mambo y del chachachá para convertirse en ideas, formas artísticas y fantasías literarias que trasciendan lo pintoresco y hablen un lenguaje universal. 

El destino no lo quiera y los nicaragüenses no lo permitan, esta podría ser la última dictadura nicaragüense pero, desde luego, todavía hay, hermanos, muchísimo que hacer.

Sobre el Autor

1 comentario

  1. Dora Elena

    Muy buen artîculo, Marlon. Impregnado de mucho sentimiento, razonamiento lûcido, calmado, documentado ; con una visiôn global, franca y honesta( ( de lo que falta mucho). Felicitaciones.

    «»Hijos, nietos, sobrinos, jôvenes amîgos y nò, estudiantes, MAESTROS, obreros, trabajadores, profesionales, ciudadanos todos..como expresa Marlon: TODAVIA HAY MÛCHÎSIMO POR HACER»»….¡¡Adelante!!

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