Tres Actos
Por: Silvio Alfredo Ortega.
Y, junto con mis coetáneos, seguiremos apuntando en alto. Al cielo.
Hasta que la maldita Ave déspota se dé a la tarea de mutilarnos la mano, pues parece ella sentirse amenazada por nuestro adormecido potencial.
Pero no lloren, mis queridos hermanos; porque se teñirá el cielo de esperanza. Y salpicadas las nubes por la sangre que brota de nuestros brazos caerá una torrencial lluvia cargada de límpida agua y esta vendrá acompañada de cruda justicia.