Olor a humo

<strong>Olor a humo</strong>

Por: Rolando Dávila-Sánchez

A: José Luis Velásquez Reyes

Me dirijo al trabajo y empiezo a pensar en todos los allegados, en las formas que sirven de ejemplo para mantener la salud mental, para empezar, no es una actividad muy recomendable mientras se conduce, pero evita la exasperación que el tráfico produce. Tengo una amiga que hace terapia floral, además de su carrera encontró pasión en el teatro, ambas llevándole a viajes inusitados, ambas herramientas decisivas para lidiar con todo aquello de vivir y sus circunstancias. Hay otra que ejerce la medicina oriental, en boga precisamente por ser una alternativa a la dogmática farmacéutica, ahora con renovada publicidad y amplia difusión, la calidad de la terapia es temporal-efectiva y un gusto para quienes la toman. Habrá que admitir que la opción de un spa, bueno, tiene costos que no todxs pueden pagar. Reviso las conversaciones de whatsapp, otra amiga, sé que se refugia en proyectos académicos, sí, así como suena, hay personas que nacen con esa vocación y otros que hasta viven muy bien de ello, claro, quizás no en este territorio. Me trae a la memoria a su esposo, aguerrido, le ama con todo, su salida es el trabajo, vaya cosa, hay gente que le encanta a trabajar; también es un tipo de adicción por sí no lo sabían. Hablando de psicólogos, tengo amigos que se rehúsan a tener una conversación analítica cuyo fin sea el de aconsejar de forma metódica, limites, sin saber que la persona que lo pide necesita de un amigo sincero en la comodidad de una mesa en el patio con limonada o café más que en cuatro o cinco paredes con la esperanza de la espontaneidad; pero esto saldrá más adelante.

Sigo revisando y no son pocos quienes tienen su balance en la actividad física, el gym, yoga, correr, ciclismo, entrenar… una o dos horas diarias, con toda la disciplina que para esto se requiere, es como debe ser. (Una que venció el cáncer ahora le da duro al spinning, con júbilo). Mi pauta adoleciente, hace más de diez años que no logro retomar el ritmo en las artes marciales, con aquel momento pasado que ahora sólo es una presunción eventual. Al momento se cumple con la asignación del día a día, escuchar alguna clase o lección acorde, y jugar en línea, algo que es para nada de provecho, pero tiene un efecto absorbente, tal vez porque distancia de la realidad. En ocasiones, incluso, dar mantenimiento a las plántulas germinadas en casa y dar movimiento al intento de composta, para hacerle al proyecto cada quince días. Muy de vez en cuando, tener pesar por no ir a meditar con la devoción que se debería, por todo su beneficio de paz mental, como símil de quienes van a un templo o iglesia.

La constante final, como dice el amigo de Raskolnikov: “para que sería cada moneda, sino para el trago de vodka que hace tolerable la vida”. ¿Por qué creen que siempre hay gente en los bares? Están en terapia, el alcohol es solo la excusa, más bien es platicar entre conocidos. No es por falta de voluntad del “amigo psicólogo”, es la forma habitual ante la carencia de una cultura y pena de acudir a ayuda profesional. Claro, el efecto no es permanente, mucho menos saludable y para nada rentable; pero de que se goza, se goza. El estrés vuela sin tanto esfuerzo de concentración, la exigencia física llega después, lo que contribuye a mantener el olvido y el enfoque en otra cosa. La platica se vuelve en apariencia cada vez más profunda, continuando el ciclo de consumo; todos se desahogan, existe confianza. Es una distracción por excelencia del ritmo cotidiano, contraproducente según cada caso, así son algunos placeres.

Viene a mi mente mi amigo Chepe Luis, no faltan historias que contar, algo particulares y hasta escandalosas se diría; es difícil traer de la memoria sólo una. A lo Bukowski, diría que todo buen relato inicia con un par… Empujado a nortear por rivalidades absurdas del sitio dónde vive, amoroso padre, deportista cuando se puede, rejego chambeador, ¿qué método podrá apaciguar a todos aquellos que te tienen estima o a la unidad familiar, tras la noticia de aquel accidente tan tempestuoso al que le sobrevives, la fatalidad que esquivas, las secuelas que persisten, tu movilidad? Algunas circunstancias nos sobreponen mientras no se puede estar preparado para ellas, mientras, espero que todo se resuelva para que puedan ir a traerte con bien, en ocasiones la paz mental también llega tras un llanto desconsolado en solitario.

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