Epifanía de una mentira.

Epifanía de una mentira.

Por: Runez Fer

Conocí a Lucía en la secta hace tres años. No me hubiera enamorado de ella sabiendo que vengaría su vida. En el culto al Soberano de Otros Ojos sólo había dos mandamientos: nunca negar su palabra y nunca creerle a los de afuera. Lucía pecó de ambas arrastrándome con ella. Todo empezó cuando encontré un libro enterrado bajo los antiguos murales.

Contaba la historia de un hombre que gobernó un país convirtiendo en verdad una mentira. Sabía que debíamos quemar el libro, pero la curiosidad de Lucía fue su perdición. Juró que sólo le echaría un vistazo, pero terminó por leerlo completo. Día tras día se hacía teorías absurdas. Quería hacerme creer que El Soberano fue una vez humano, conectaba la historia con la fantasía y juraba que el libro contaba nuestro pasado.

Falseé todos sus reportes, censuré sus cartas, silencié sus objeciones al tribunal, pero nada de eso sirvió para salvarla. Una noche la encontraron enseñando con el libro a unos jóvenes. Los colgaron en la plaza la mañana siguiente y a ella la quemaron viva por hereje. Ése mismo día quise enterrarme vivo donde encontré el libro, comencé a cavar mi tumba con ahínco y de pronto, mi pala golpeó la tierra provocando eco.

Era una vieja caja de madera. Dentro había una videograbadora y una batería, si me encontraban esto sería mi fin, pero sin Lucía ya nada importaba. No sé porque la encendí y jamás debí ver el vídeo. Ella creía que el gobernante se había vuelto un dios, pero la grabación del primer ritual mostraba un anciano ciego, que juraba poder guiarnos si nos arrancábamos los ojos.

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