DISTORSIÓN

Por: Ronaldo Flores
En un bosque verde y bonito habita un fantasma de esos de sábana azul. Por el suelo pastoso corre, musical, un lindo riachuelo transparente, el cual cae en su cauce desde una piedra. Vuelan mariposas Wer, de esas que tienen un ala gris y la otra morada, y se posan en los girasoles azules que crecen al resguardo de los imponentes árboles. En los árboles crecen hongos pequeños, lugares de recreo de los caracoles ciclópeos. El fantasma estudia a los animales y plantas a su alrededor, a la claridad de la luz filtrada por entre el espeso follaje; está sorprendido y, a la vez, no cabe en sí de felicidad. ¡Un lugar tan mágico que sólo hay naturaleza! Se acuesta al lado del riachuelo arrullador y duerme. Al despertar, alegre, tiene ansias de descubrir, piensa que lleva todo el rato aquí y que quiere más, desea más bosque. Vacila. Decide una dirección. Vacila otra vez. Cruza flotando el pequeño riachuelo. Más allá está lo nuevo, más allá hay más, mucho más. Duda. Entonces avanza. Una ilusión óptica. Los árboles estaban pintados en una superficie, no hay más allá; la traspasa sin dificultad, ahí donde pensó que había extensión encuentra materia, tope, y la deja atrás. Del otro lado, detrás de la pared, no hay nada. Hay carencia de todo. Un vacío inespacial.
– ¿Por qué he perdido mi bosque? – dice el triste fantasma azul.

