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Por: Valeria Morales

«Ya no es como antes»- dice la gente- los huracanes Eta, Iota y Julia destruyeron varios bosques, botaron muchos árboles y las palmeras se cayeron por los vientos y las olas.

“Aquí todo es más caro”, me dice una señora que tiene una venta en el muelle de Little Corn Island. Todo es exportado, muy pocos siembran. La luz se va de 6:00 AM y regresa a la 1:00 PM

Sigo caminando,

mi cuerpo me arrastra a lugares nuevos,

nunca antes vistos,

nunca antes saboreados.

Sigo caminando, 

y empiezo a notar el empobrecimiento económico y social,

el daño ambiental al paraíso caribeño,

el tejido cultural nicaragüense, roto,

y una deuda estatal y ciudadana que se agiganta.

***

A veces pienso en Little Corn Island, 

imagino cómo estará la gente,

si el niño de siempre, se pasea en bicicleta, recorriendo la única calle,

si el pescador llevó alimento a su casa,

si las señoras vendieron el patí delicioso que cocinan

o si en el bar, siguen poniendo esa música caribeña capaz de hacerme sentir única en aquel rincón.

A veces me despierto, pensando que todo va a ser diferente,

Que vamos a detener el daño ambiental que causamos, que vamos a luchar contra el olvido impuesto y vamos a crear puentes que conecten con otras realidades.

A veces quisiera que al igual que allá, la luz se fuera, porque aquí, en la ciudad, 

lo que falta es conciencia social.

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