¿Y MIS 50 CENTAVOS?
Por Jaime Rivas Carvajal
—Oe, Juan veni que te voy a contar.
—La chatarra, vamos comprando la chatarra, vaya sacando colchones viejos, fierros viejos…
Se escuchó en la calle la camioneta de siempre.
—Fíjate que hoy coroné una maje, linda, alta, de riales y con modales. Siempre la llevo a la parada del bus para que agarre la 106, pero hoy esta caponera se dañó y se fue con Héctor, el vecino que se acaba de comprar la Tayan.
—Ay, solo inventos sos. ¿En serio creés que una muchacha así se fijaría en vos?
—Manejás como animal, hp. ¡Aprendé a manejar!
Un taxista le gritó a otro mientras uno adelantaba y el otro iba en llamada.
—Al fondo hay lugar. ¡Muévanse, avancen o no arranco! Ya no esperen la otra, esperen la otra. Voy a cerrar la puerta. ¡CUIDADO LA PUERTA!
—Otra vez este tráfico. Por más que me levante temprano, nunca llego a tiempo. Desde el Manolo a la Centroamérica, toda la mañana se pega.
—Laura, ¿y vamos a ir al viaje que dijimos? Es que mi papi me está preguntando cuánto voy a ocupar y necesito avisarle. Vos sabés que tengo que ir a comprar ropa.
Laura ve su reloj. Va tarde al trabajo. La acompañan 2.50 córdobas para el regreso a casa.
—A la Laura vos nunca podés…
Dijo la persona que no sabe las dificultades de otros.
—Si tan solo me pudiera ir de aquí…
Suenan Los temerarios la radio del bus de Tipitapa.