El trono invisible

Por: Hernández J. Richar
En lo oscuro del cráneo, sin corona,
reina un poder que no se ve ni toca,
más rige el alma, el pulso, la persona,
y en su silencio, el universo invoca.
No es carne ni hueso lo que piensa,
ni sangre lo que sueña y se interroga,
es luz que se entreteje en la conciencia,
es llama que no muere, aunque se ahoga.
¡Oh mente! laberinto sin paredes,
donde el dolor se esconde tras la risa,
y el hombre, aunque se pierda, aún decide
si al abismo se entrega o se desliza.
Tan débil como el viento entre los dedos,
tan fuerte como el hierro de la idea,
en ti se gesta el bien, se forjan credos,
y el alma se levanta o se marea.
No hay cárcel más cruel que un pensamiento,
ni libertad más pura que el perdón,
pues quien domina el caos del tormento
halla en su mente un trono y bendición.

